Argentina confirmó el primer caso de viruela símica Clado Ib en 2026. Se trata de un hombre de 31 años, residente en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que no cuenta con antecedentes de viaje, según informó el Boletín Epidemiológico del Ministerio de Salud de la Nación.
Desde la cartera sanitaria advirtieron que este subtipo del virus presenta mayor severidad y capacidad de contagio en comparación con otros. “Es importante que los sistemas de salud refuercen la vigilancia y los cuidados en la población ante la notificación de este primer caso”, señalaron.
Hasta el momento, en lo que va del año ya se habían confirmado otros cinco casos en el país, correspondientes al clado II: cuatro en CABA y uno en Río Negro. A nivel regional, en 2026 se registraron 14 casos del clado Ib en América: nueve en Estados Unidos, dos en Canadá, dos en Brasil, uno en México y ahora uno en Argentina. Además, se documentó transmisión comunitaria en países europeos como Francia, Portugal y España.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la viruela símica es una enfermedad causada por un virus del género Orthopoxvirus, con dos grandes variantes: el clado I (que incluye el subclado Ib) y el clado II. Este último fue el responsable del brote global registrado entre 2022 y 2023.
En ese contexto, Argentina cuenta con un Plan Estratégico de Preparación y Respuesta para Mpox 2025-2026, aprobado en febrero del año pasado, que busca fortalecer la detección temprana, el control y la mitigación del virus en todo el país.
La enfermedad puede transmitirse por contacto directo con lesiones en la piel o mucosas, especialmente en situaciones de cercanía física, incluido el contacto sexual. También puede propagarse a través de objetos contaminados, como ropa o sábanas, y por secreciones respiratorias en contactos prolongados. Asimismo, existe riesgo de transmisión de madre a hijo durante el embarazo o el parto.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, inflamación de ganglios, cansancio extremo y dolor de garganta. A esto se suman lesiones cutáneas o mucosas, que suelen aparecer en zonas genitales, anales, faciales o en las extremidades.
El período de incubación varía entre cinco y 21 días, y en la mayoría de los casos la enfermedad evoluciona de forma autolimitada, con una duración de entre dos y tres semanas. Sin embargo, puede presentar complicaciones en personas inmunosuprimidas o con VIH no controlado.
Las autoridades sanitarias recomendaron reforzar la vigilancia ante síntomas compatibles, aislar a los pacientes hasta la curación completa de las lesiones y realizar el rastreo de contactos dentro de las primeras 24 horas, con seguimiento durante 21 días.
Por último, la OMS recordó que existen vacunas específicas para prevenir la enfermedad, cuya aplicación —junto con medidas de detección precoz y aislamiento— resulta clave para contener la propagación del virus.
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