Cada vez más chicos tienen acceso a un celular propio desde edades tempranas. Lo que comenzó como una herramienta para mantenerse comunicados se convirtió también en una puerta de entrada a redes sociales, aplicaciones, juegos online y plataformas que recopilan información personal.
Según el estudio “El impacto de las pantallas en la vida familiar”, elaborado por la plataforma sin fines de lucro Empantallados junto con la consultora GAD3, el 38% de los padres afirma haber entregado un teléfono móvil a sus hijos principalmente para poder localizarlos y mantenerse en contacto.
A partir de allí, muchas familias incorporan herramientas de control parental para monitorear el uso de Internet, las aplicaciones instaladas o incluso la ubicación en tiempo real.
Sin embargo, surge una pregunta: ¿hasta dónde pueden llegar los padres en ese control? ¿Es legal revisar mensajes, monitorear redes sociales o rastrear permanentemente la actividad digital de los hijos? La respuesta combina responsabilidades parentales, protección de derechos y educación digital.
En cuanto a la legislación, en la Argentina no existe una norma que detalle qué pueden o no pueden revisar los padres en los dispositivos de sus hijos. Sin embargo, sí existen principios legales vinculados a la responsabilidad parental y a la protección de la privacidad de niños, niñas y adolescentes.
La Agencia de Acceso a la Información Pública (AAIP), organismo encargado de aplicar la Ley de Protección de Datos Personales (Ley 25.326), recomienda que el acompañamiento de los adultos esté basado principalmente en el diálogo, la educación y la prevención, más que en la vigilancia permanente.
Desde el organismo explican que el primer paso es ayudar a los menores a comprender qué son los datos personales, por qué tienen valor y cuáles son los riesgos de compartir información en Internet sin precauciones.
La recomendación es que los padres acompañen a sus hijos enseñándoles a identificar situaciones de riesgo y a proteger su privacidad.
Entonces, ¿pueden los padres revisar el celular de sus hijos? La responsabilidad parental implica que los adultos deben velar por la seguridad y el bienestar de los menores de edad. En ese marco, el seguimiento de ciertas actividades digitales puede estar justificado cuando busca protegerlos frente a riesgos concretos.
No obstante, especialistas en infancia y protección de datos coinciden en que la supervisión debe ser gradual y adecuada a la edad y madurez del niño o adolescente.
En la práctica, esto significa que el control sobre un niño de 10 años no será el mismo que sobre un adolescente de 16 o 17 años.
Por ese motivo, los expertos recomiendan que las familias establezcan reglas claras sobre el uso de dispositivos, horarios de conexión y privacidad, evitando mecanismos de vigilancia invasivos.
En ese sentido, la AAIP difundió una serie de recomendaciones.
1. Limitar la información personal que se comparte. No es necesario publicar todos los datos personales en perfiles de redes sociales o aplicaciones. Por ejemplo, los especialistas sugieren utilizar avatares o imágenes ilustrativas en lugar de fotografías reales cuando sea posible y evitar publicar información sensible como dirección, escuela, rutina diaria o ubicación frecuente.
2. Configurar correctamente la privacidad. La agencia recomienda revisar junto a los chicos las opciones de privacidad de cada plataforma. La conversación sobre esto puede plantear preguntas como:
¿Quién querés que vea esta información?
¿Qué podría pasar si cualquier persona accede a estos datos?
¿Te sentirías cómodo si este contenido fuera público? Estas reflexiones ayudan a tomar decisiones más conscientes sobre qué compartir y con quién.
3. Diferenciar amigos reales de contactos online. Uno de los riesgos más frecuentes en Internet es asumir que todas las personas detrás de una pantalla son quienes dicen ser. La AAIP recomienda explicar que un compañero de escuela o un amigo del club son personas conocidas en la vida real, mientras que en redes sociales muchas veces resulta imposible verificar la identidad de los contactos. Por eso, es importante evitar compartir datos personales con desconocidos y desconfiar de solicitudes desde perfiles sospechosos.
4. Enseñar a detectar mensajes y correos peligrosos. Los intentos de engaño digital son cada vez más sofisticados. Los adultos suelen prestar atención a los remitentes de correos electrónicos o mensajes antes de hacer clic, descargar archivos o brindar información personal. Ese hábito debe enseñarse a los chicos desde edades tempranas. Identificar mensajes falsos puede prevenir robos de cuentas, estafas y suplantaciones de identidad.
No instalar aplicaciones innecesarias o de origen dudoso.
Evitar conectarse a redes WiFi públicas sin protección.
Cerrar sesión en plataformas y servicios cuando corresponda.
Mantener actualizados los sistemas operativos.
Revisar qué aplicaciones tienen acceso a la cámara, micrófono, ubicación y lista de contactos.
Activar la geolocalización solo cuando sea necesaria.
La tecnología ofrece herramientas avanzadas para supervisar la actividad digital de los hijos, pero los especialistas coinciden en que ninguna aplicación reemplaza al acompañamiento familiar.








